Si te buscas corres el riesgo de encontrarte

Hoy me he levantado con ganas de echar un vistazo a mis últimos posts y leerme a mi mismo detenidamente. Porque otra cosa yo no, pero escribir bien, tampoco.

Pues bien, leyéndome me he percatado de un gran error que cometí tras mi vuelta de tierras asiáticas. Me exculpo a mi mismo porque con las prisas no he podido ni atarme los cordones y casi tengo que dejar algún plato en el camino. Que si vuelta a Bilbao, que si hacemos las maletas, que si nos marchamos a Barcelona, que si pon las sabanas, que si en Barcelona no comen pintxos, que si busca trabajo, que si papeleos del master… y me olvidé de escribir en mi cuaderno de bitácora. (*Cuaderno de bitácora: libro donde los marineros anotaban sus incidencias durante la navegación.)

Y nunca mejor dicho, porque la mía sí fue una navegación entretenida dentro de la mia principal. Y es que como reza el título que lidera estas letras, y como decía un filósofo del que ahora no recuerdo el nombre, si uno trata de encontrarse y trabaja duro para ello, corre el riesgo de encontrarse. Ese día podrá darse cuenta de que encontrarse puede ser mucho peor de lo que uno imagina, pues todos creemos que nos encontraremos encima de esa gran montaña que creemos nuestro gran logro. Pero lo qué seguramente ocurra es que nos encontremos como una simple piedra en el camino que sube a esa montaña, y nada más. Pero en esta vida todo es sentido común. Y al igual que nosotros no representamos nada en esto que llamamos mundo, el ser humano como raza tampoco lo hace en su totalidad. Alteramos el mundo en el que vivimos, pero nunca seremos él. Nosotros somos y seremos seres moribundos, es decir, con fecha de caducidad. Y aunque parezca que me estoy alejando del tema principal, mi viaje, no es tanto como parece. El viaje es un envoltorio, una respuesta a una pregunta, un espejo dónde uno se mira, un ring donde vencer al miedo. Querer entender el viaje de otra forma sería no entender nada.

Pues de todos los dilemas que conozco, el mejor de ellos es la vida misma. ¿Quién puede resolverlo? La vida es todo menos segura, pese a nuestros absurdos intentos para que lo sea. O se vive o se muere, pero quien decida lo primero debe aceptar el riesgo. Estamos a la mesa, ante el tablero, todo se ha conjurado para que cojamos el cubilete, lo agitemos y echemos los dados. Lo gracioso(por no decir patético) es que el hombre está montado en la vida y pretende salir ileso de ella. Tal pretensión de chapotear en el barro sin embarrarse es, ciertamente, ilusoria. Y es que cuanto más intentamos evitar los embates de la vida, tanto más se empeña esta en que nos percatemos de lo que es o puede llegar a ser. Puesto que estamos en la vida, ¡vivámosla! Eso parece lo más sensato. Si hemos de aprender a nadar, es mejor que nos lancemos al agua y que no pasemos demasiado tiempo pensándolo en la orilla o tratando de observar como se comporta el mar. Este es nuestro principal problema en la vida: los titubeos, los miedos, las dudas sistemáticas, el temor a vivir.

En eso se resume mi viaje. No tengo tiempo para ser embajador de las salvaguardas fomentadas por las convenciones sociales y las presiones de todo género. He vivido rodeado de gente “de nivel”, gente con dinero, gente con poder. He sido educado por ellos y lejos del reproche, eso ha sido una de los logros de mi educación. Dicen que la inteligencia es ser capaz de reflexionar sobre tus acciones, sobre tus errores y aprender de ellos. Yo creo que la inteligencia también es aprender de lo que te rodea y de los errores e incongruencias que comete el de al lado.

Y que no te la cuelen, que no te mientan. Un dibujo de una persona no es una persona, al igual que un marco de felicidad nunca será felicidad.

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